Cómo viajar a Londres y sobrevivir al aeropuerto


Volviendo al tema de Londres...

De acuerdo a lo que he leido sobre varios casos, entre ellos la carta que me envió Susana, y sobre mi propia experiencia, estos son algunos puntos que considero importantes para quienes, sobre todo mujeres, tengan planeado viajar como turistas a Inglaterra:

• Opta siempre por la opción de viajar acompañada, ya sea que consigas un tour grupal con alguna agencia de viajes o que alguna de tus amistades vaya contigo.

• Come lo mejor que puedas en el avión, porque no sabes cuanto tiempo pasarás sin probar un alimento decente durante la espera en el aeropuerto.

• Lleva sólo una maleta y un bolso, independientemente del tiempo de tu estadía allá. Es muy pesado trasladarte de un lugar a otro con tantas cosas que cargar. Si llevas regalos procura que sean pequeños y no ocupen mucho espacio.

• Trata de llegar bien vestida y arreglada al aeropuerto.  Lo sé, un viaje tan largo a veces no lo permite, pero haz lo posible para verte como turista con buen nivel económico.

• Lleva todos los documentos posibles de tu trabajo, como cartas selladas y firmadas, credencial de la empresa, copias de recibos, estados de cuenta, etc. Esta documentación te va a servir también al regresar si viajas por Estados Unidos.

• Al llegar al punto de revisión de pasaportes, pide que la entrevista sea con algún oficial que hable español, aunque si al final viajas sola, me parece muy arriesgado ir allá sin saber una gota de inglés. Lo ideal es tener nociones al menos para captar lo que ellos hablan entre sí o las instrucciones básicas que te puedan dar.

• Si ya te negaron la entrada anteriormente, lo verán en tu pasaporte y es seguro que sucederá de nuevo. Repórtalo como extraviado si todavía está vigente y vuelve a tramitar uno nuevo. Tendrás menos posibilidades de ser detenida.

• Si no estás casada, cuando te pregunten sobre tu estado civil, haz hincapié en que tienes un novio o compromiso por el cual regresar a tu país, después podrán hacerte preguntas o comentarios sin sentido al respecto, pero es mejor ésto a decir que eres soltera.

• Revisa que tus apuntes en libretas o los números guardados en tu celular coincidan con lo que mencionaste en el interrogatorio, si conoces a alguien allá y tienes su número anotado, hazlo saber siempre.

• Avisa a todos tus contactos allá que es posible que les llamen, si vas a hospedarte con alguien necesitarás una carta de invitación de su parte con todos tus datos incluídos y con la dirección y teléfonos de esa persona.  Si es probable que él o ella no se encuentre en casa a la hora de tu llegada, que deje dicho a quienes probablemente recibirán la llamada y los prepare para dar la misma información.

• Si llegas a un hotel u hostal, imprime tu hoja de reservación si la hiciste por internet, o presenta una copia con todos los datos del lugar si fue vía telefónica.

• Si la investigación se alarga, compórtate como si conocieras todo el procedimiento aunque no sea así, muestra seguridad y no hagas preguntas como: ¿qué me van a hacer?, ¿qué va a pasar conmigo?, ¿cuándo me dejarán comunicarme con mi familia?, ¿qué buscan en mi maleta?, etc.

• Conserva siempre la calma, no te muestres débil, sé paciente, y por más desmoralizada que te sientas, jamás llores frente a ellos. Entre más susceptible te vean, más se aprovecharán de ti.

• En la habitación donde te hacen esperar tienen información pegada en la pared, ahí están escritos tus derechos, están en todos los idiomas y es importante que los leas.

• Si tu celular no tiene cámara fotográfica te permitirán llevarlo contigo, y podrás hacer todas las llamadas que necesites, así que consíguete uno antes de viajar, y memoriza la forma de marcación tanto para llamadas a tu país, como a Inglaterra, ya que en este caso algunos números cambian si marcas desde allá.

• Cuando te entreguen formatos o documentos para firmar, pon atención en todo lo que dicen, aunque no entiendas muy bien el idioma, tómate tu tiempo para revisarlos antes y fíjate en el nombre del oficial que firma, que es quien está llevando tu caso.

• Si al final te niegan la entrada a UK, no supliques, no implores.  De nada servirá que les ruegues, mejor conserva tu dignidad y acepta el hecho de que volverás a casa más pronto de lo que esperabas.

• No agredas a un oficial, no seas sumisa pero tampoco grosera, aunque la rabia te coma por dentro, guarda compostura, que para empezar no estás en tu país y para terminar nunca le vas a ganar a la policía, ya que ellos tienen el poder y lo pueden usar en tu contra para perjudicarte.  

• Si eres alguien que ha pasado por una deportación sin un motivo válido, puedes acudir a la Embajada para exponer tu caso para que quede como antecedente, porque en definitiva no te resolverán nada, o también puedes apelar desde tu país ante la UK Border Agency sólo en el caso de que fueras a visitar a un familiar cercano.

• No es exclusivo de Inglaterra, en todos los países hay personas que no tienen ningún tipo de respeto ni consideración hacia los extranjeros.  Las personas que trabajan en estos sitios ven casos similares diariamente, y están más desensibilizados de lo que te imaginas.  Aún así, es muy probable que encuentres personas amables que te traten bien y que estén dispuestas a ayudarte.

Las leyes de inmigración en Europa, y sobre todo en Inglaterra son más duras en esta época de crisis mundial.  Ya he escuchado varios comentarios de personas que han entrado a UK por cuestiones de trabajo o sólamente para hacer escala antes de trasladarse a otro lugar y también les han puesto muchas trabas en los puntos de revisión de los aeropuertos.  

Así que si después de todo esto igual planeas viajar a Londres, ve allá lo más informado y preparado posible por si te llegases a encontrar con tan desagradable situación.

Una foto de Londres, 5a. y última parte


Creo que cualquier experiencia es enriquecedora si mantenemos la mente abierta y somos capaces de ver las cosas desde un punto de vista diferente.  Yo iba por el Londres lleno de glamour, de museos, de espectáculos artísticos y culturales de primer nivel.  Y sí, supongo que Londres sigue siendo eso, pero a mí me tocó conocer otro totalmente distinto.  

Permanecí sólo unas horas en el centro de detención, pero pude convivir con aquéllos que son rechazados por leyes y políticas poco dignas del primer mundo.  Vi a muchos países representados en algo más de cien personas, originarias de China, Sudáfrica, Portugal, Serbia, Turquía, Italia, y Latinoamérica, entre varios lugares más, permaneciendo unidos y apoyándose unos a otros durante el difícil proceso de volver a casa.  Hombres y mujeres que no son delincuentes, pero son tratados como tales, recluídos en estos centros por haber cometido el único crimen de formar parte de la clase trabajadora de un país que no es el suyo.

Así que a pesar de todo el cansancio físico y emocional, regresé satisfecha de mi viaje y agradecida por tener la suerte de haber conocido a estas personas.  No pude tomar una sóla foto allá, por eso he tratado de plasmar con palabras lo más detallado posible esta experiencia.

Este post está dedicado a mis amigos Patricio y Paulo, de Tinsley House, que contribuyeron en mucho para hacer que mi corta estancia en UK haya valido la pena.

Aquí dejo algunos links que encontré sobre el tema de la deportación y los centros de detención en Londres.

Extra immigrant detention places

Una foto de Londres, 4a. parte: 20 horas más


Y de nuevo, a recoger maletas, entregar llave y localizador, firmar la salida, etc.  La pareja de oficiales que nos recogió fue mucho más amable que la primera.  Salimos al aeropuerto mi compañera de habitación, un muchacho de Turquía y yo. El camino de Tinsley House al aeropuerto de Gatwick es muy corto y los únicos edificios que estan por la zona son construcciones viejas y deprimentes.  Fue todo lo que conocí de Londres.  Entramos al aeropuerto, y de nuevo me revisaron desde la cabeza hasta los pies.  Nos metieron a la misma habitación del día anterior, únicamente a esperar a que llegara la hora de partir.  Esta vez estaban en la sala un chico de Korea y un Rumano, que pensó que éramos compatriotas cuando escuchó mi nombre.  Lo mismo de antes, pero más aburrido.  Esperar más de tres horas para que me acompañaran hasta las puertas del avión escoltada por los guardias que me habían recogido en el centro de detención.  Me desearon un "buen viaje" y le encargaron a la azafata que me diera un sobre de la UK Border Agency que contenía mi pasaporte y mi boleto de Atlanta - El Paso cuando estuviésemos fuera del territorio inglés.

El avión, las azafatas y el piloto eran los mismos. Pero los nuevos pasajeros incluían varios niños pequeños moviéndose de un lado a otro, llorando a ratos, y un compañero al lado que se llamó a sí mismo "american jewish", y que para no variar ocupaba parte de mi espacio con su chamarra, hasta que literalmente se la puse encima.  No cruzamos una palabra en todo el viaje, hasta que llegamos a Atlanta y quiso ser cortés haciendo comentarios sobre el clima, pero como yo no estaba de humor le dije de manera cortante: "I don't speak english".  Creo que entendió el mensaje porque me escuchó antes hacer preguntas en inglés a las azafatas sobre mi documentación.  Me tenía preocupada el no saber la hora de salida de mi próximo vuelo, pero no fue sino hasta que aterrizamos en Atlanta que me entregaron por fin el sobre, no fuera a ser que me regresara a medio camino e intentara llegar nadando a Inglaterra.

Lo abrí, saqué el boleto y respiré hondo al saber que tenía un espacio de 5 horas para abordar el siguiente avión.  Respiré más hondo todavía cuando estaba formada en la línea de revisión de pasaportes, preparándome para una nueva odisea.

Efectivamente, llegó la pregunta temida: ¿Cuánto tiempo permaneciste en UK?, respuesta: sólo un día.  La explicación del por qué mi viaje fue tan rápido me llevó a un nuevo proceso en otra oficina donde entregué mis documentos y esperé tres horas antes de que me tocara el turno de ser llamada. Me atendió una latina prepotente -qué sorpresa-.  Estaba aferrada a que ninguno de mis permisos para internarme en los Estados Unidos habían sido devueltos y que yo no tenía manera de comprobar que había salido de su país.  ¡Como si no tuvieran registrado cada movimiento que uno hace, por favor!  

Supuse que su intención era quitarme la visa buscando cualquier pretexto y sin importarle lo que yo dijera, así que ya no me preocupaba subir la voz o responderle de la misma forma grosera y altanera en la que ella me hacía las preguntas. Después de un rato de discusión frente a todos los presentes me dijo que esperara porque otra persona me atendería mientras ella salía, y que tal vez yo no alcanzaría a tomar el vuelo y me tendría que esperar al día siguiente. Agradecí que se fuera del lugar antes de que me dieran ganas de golpearla.  Unos minutos después, un gringo tomó los expedientes que ella había dejado pendientes y escuché lo que comentaba sobre mí con un compañero suyo, coincidiendo ambos en que yo no tenía motivos para permanecer en USA y que sólo intentaba llegar a El Paso para cruzar a México.  Después de esto me llamó amigablemente por mi apellido:  "Ven aquí, toma tus documentos, ya te puedes ir!" 

Le di la mejor sonrisa que pude lograr con aquella horrible cara de desvelo y cansancio que traía, y me fui feliz.  Hice el check-in, y de camino me topé con un Starbucks, me compré un delicioso Strawberries and Crème Frapuccino, que fue como el cielo para mí en ese momento, lo disfruté mientras paseaba por el aeropuerto y preparaba a mi espalda para sobrevivir a otras tres horas y media de viaje.

El cuarto y último vuelo estuvo regular, con mucha turbulencia y alguien detrás de mí pateando el asiento. Intenté resolverlo primero con palabras amables, pero funcionaron mejor las miradas asesinas.  Llegué a El Paso, sintiéndome como en casa de nuevo.  Mi hermano me recogió en el aeropuerto, en un coche normal, sin rejas y con el volante de lado izquierdo.  Lo primero que hizo fue llevarme a cenar tacos y luego me dejó en casa de una amiga para que descansara.  Dormí por horas y horas. Y el 14 de febrero volví a ser yo, libre de nuevo.  


Una foto de Londres, 3a. parte: 5 star hotel


Miss Sri Lanka saldría esa misma tarde de regreso y miss Russia tenía que esperar más de un día para volver a su país. Creimos que nos llevarían juntas, pero no, llegaron sólamente por mí, y ya no volví a saber nada de ella. 

Estaba muy nublado, hacia frío pero no como lo esperaba. Me subieron a un vehículo tipo perrera, con fibra de vidrio entre los asientos de adelante y los traseros, enrejado todo por dentro y con puertas deslizables. Un hombre y una mujer fueron quienes hicieron mi traslado después de hacerme firmar papeles donde constaba que me habían entregado todas mis pertenencias y donde yo me daba por enterada de la razón por la cual me expulsaban de UK. Mi maleta y mi bolso los tuve que cargar yo sola desde la oficina hasta la camioneta, sin que el guardia antipático me ayudara siquiera a subirlos a la parte trasera de la perrera. Él fue quien condujo, a una velocidad muy alta y sin ningún tipo de consideración.  Mi equipaje se arrastraba de un extremo a otro cada vez que pasábamos por una curva, y yo me estresaba por el hecho de que allá se conduce por el lado izquierdo del camino y la costumbre me traicionaba pensando que en cualquier momento chocaríamos de frente con otro coche.  

Llegamos al lugar.  Me sorprendí cuando abrieron las puertas para dejarnos entrar. Era un centro de detención para deportados. Me registraron de nuevo de pies a cabeza, llené formatos y me sacaron la foto del recuerdo. Luego me revisó una doctora muy agradable, me checó la presión y me hizo preguntas referentes a mi estado de salud.  Después un guardia de seguridad guardó mi equipaje (estas fotos las tomé de internet porque obviamente no permiten el uso de cámaras), sólo me permitió introducir un cambio de ropa y me proporcionó una bolsa de plástico con una toalla y artículos de baño, además de un vale, una llave con mis datos y mi foto como llavero y un localizador. Era lo más humillante que había vivido nunca. 

Otra mujer muy masculina me acompañó a dar el tour por el lugar.  Canjeó mi vale en la "tiendita" por una tarjeta de teléfono y me dieron unas monedas de cambio. Me mostró el sistema para 
abrir las puertas para entrar a mi habitación y me indicó que acudiera de inmediato a comunicarme desde cualquiera de los teléfonos rojos en los pasillos en caso de que mi localizador sonara. Entramos a la habitación-celda, donde estaban tres mujeres más, de entre 18 y 30 años aproximadamente, sudafricanas todas, con las que me tocó compartir el lugar. Me presenté, me metí a bañar y el hastío se hacía cada vez mayor. La llave de la regadera era un botón que se presiona y el agua caliente sale por unos segundos, luego se corta. Si uno lo mantiene presionado para que el agua salga constantemente, ésta empieza a salir fría.  Las llaves del lavabo no eran mezcladoras, el agua salía casi hirviendo o casi congelada.  Así que la parte del baño tampoco fue agradable.  A esas alturas esos "detallitos" eran casi una tortura para mí.

Me puse la pijama y me acosté dispuesta a descansar después de tres días en los que en total había dormido 4 horas. Pero no pude hacerlo. Eran las 6 de la tarde y escuché por la bocina que anunciaron la hora de la cena. No tenía hambre, a pesar de llevar ya casi un día sin comer, pero mis compañeras me invitaron y me cambié para ir al comedor con ellas. Parecía la hora de receso en la universidad. Todos comenzaron a salir de sus habitaciones, y yo veía grupos de chinos y sudafricanos platicando entre sí mientras se dirigían al comedor. Un muchacho se percató de inmediato que yo era "nueva" y me hizo las preguntas básicas, cómo te llamas, de dónde eres y por qué te trajeron. Era de Serbia.  También había dos italianos y unos cuantos portugueses.  Algunos me saludaban con un simple hi!, otros me hacían preguntas y el resto por lo menos me sonreía. Luego de entrar al comedor entendí por qué yo llamaba tanto la atención. El lugar sólo puede albergar a 5 mujeres y en cambio hay espacio para más de 100 hombres, así que cuando alguna nueva llega, todos lo notan de inmediato.

Nos sirvieron arroz blanco, pepinos cocidos, dos piernas de pollo, un bollito y agua de sabor. Lo único bueno fue el pan, el resto de la comida estuvo horrorosa y aunque me dio mucha pena no me la comí. Yo ya ni siquiera intentaba entablar conversación con mis compañeras, sólo observaba a los internos con atención y esperaba continuar con ellas porque no aprendí bien el sistema para entrar a mi suite. Después de una pelea que hubo entre un compañero y el cocinero a causa de una manzana, las mujeres decidieron ir a la biblioteca.  Tienen libros en varios idiomas y algunas computadoras en la habitación contigua.  Nos sentamos con un amigo de ellas y cuando supo que yo hablaba español me presentó a un chico que iba entrando al lugar. Resultó ser del Ecuador, comenzamos a platicar sobre mi visita a Londres y a través de él y de un sudafricano que hablaba un poco de español revuelto con portugués conocí la manera en que vive la gente en ese tipo de cárceles, porque no se les puede llamar de otra manera por más que tengan clasecitas de esto y de aquello y de que cuenten con unas instalaciones en buen estado.

Él ha vivido nueve años en Londres, trabajando como chef, y no arregló sus papeles de residencia cuando tuvo oportunidad porque no pensaba permanecer por mucho tiempo allá, pero pasaba de un buen trabajo a otro mejor y así sucesivamente, hasta que se enamoró, se fue a vivir con su novia, y hace alrededor de un año lo detuvieron para deportarlo.  El hecho es que ella necesita terminar la universidad en Inglaterra y aún le falta bastante, por eso él lleva todo este tiempo dentro, cansado de vivir así y de estar perdiendo meses de su vida de esa manera. Ya va para su tercer juicio y 2,000 libras en abogados esperando un fallo a favor.  De no ser así, regresará a su país o a Estados Unidos, donde está el resto de su familia.

Después de un rato, nos invitaron a ir a la iglesia. Yo que estoy completamente alejada de las cuestiones religiosas, me negué a ir en un principio, pero me insistieron, y terminé acompañándolos.  Éramos unos 30, entre ellos dos chinos con su biblia en mandarín, comenzaron todos a cantar y a bailar y a mí me dieron un pandero. Se sentía un ambiente muy agradable y traté de disfrutar ese momento, que fue otra de las cosas que nunca me imaginé vivir.  Luego de un rato de música comenzaron con el evangelio, el tema fue la fortaleza.  Varios dieron su testimonio sobre lo que habían pasado esa semana entre cortes y abogados, entre ellos una de mis compañeras.  Mi amigo ecuatoriano salió a contestar el teléfono y yo fui al baño, de regreso estaba el chico de Serbia en la ventana y me llamó para que viera la nieve caer en el patio.  Estuvimos unos minutos hablando y pronto salió el pastor a invitarnos a entrar de nuevo, volvimos a la iglesia y nos pidieron a mi compañera, a otro hombre y a mí pasar al centro para hacer una oración por nosotros.  Mientras hacían esto ponían sus manos cerca de nuestra cabeza, cerraban los ojos y oraban gritando un Oh my Lord! y terminaban con un gran Amen!  

Finalizando esto nos fuimos todos a tomar un chocolate caliente con una galleta y luego a ver algunos lugares de la prisión.  Pasamos por el gimnasio, por el salón de manualidades y por el área de visitas.  Donde por cierto, no debe haber ningún tipo de contacto físico entre los internos y sus familiares, está prohibidisimo traspasar la línea que separa una silla de otra y ni imaginar que permitan visitas conyugales.  Recuerdo que en la enfermería vi un recipiente de vidrio lleno de condones y mensajes en los corchos de la pared sobre la prevención del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. No le encuentro la lógica a que regalen condones, a menos que aprueben la homosexualidad y las relaciones entre internos, cosa que dudo.

Me despedí de mis nuevos amigos, intercambiamos datos y me fui a mi habitación.  Ya pasaba de la una de la mañana y me quedé dormida en pocos minutos. En dos horas entró otra celadora a despertarme a mí y a la más joven de mis compañeras para que nos alistáramos porque  pasarían por nosotras para llevarnos al aeropuerto en una hora.

Una foto de Londres, 2a. parte: Gatwick



Después de muchas horas en el aire pude ver que llegamos a Inglaterra, había neblina, pero se alcanzaban a distinguir algunos pueblos. El aeropuerto de Gatwick está un poco alejado, así que por más que busqué, de Londres no vi nada. Me bajé del avión, contentísima de saber que después de tantos intentos estaba por fin ahí. Llegué directamente al punto de revisión de pasaportes, antes de recoger el equipaje. Me atendió un oficial que hablaba español, como de unos 50 años, con la camisa más arrugada que si se le hubiera atorado en la lavadora y con un hedor parecido al de la señora del vuelo a Atlanta. Las preguntas clásicas: a qué vienes, cuánto te vas a estar, llegarás con alguien de aquí, tienes reservaciones, bla bla bla. Todo iba muy bien, excepto por la manera tan grosera en que le gritoneó a una señora que se acercó sin que antes la llamaran de alguno de los módulos. Se distrajo un poco con ella, pero luego volvió a revisar mis documentos y siguió preguntándome algunas cosas más, entre ellas: ¿casada? ¿con hijos? y después de mis respuestas negativas a estas dos preguntas, su mirada y tono de voz cambiaron completamente y comenzó a hacer algunas anotaciones. Me mandó sentar a una salita en la cual estuve esperando por más de 40 minutos sin haber recogido aún mi equipaje. Por fin regresó y me indicó que fuera con su compañera por mi maleta, para después regresar con él. Mi pregunta obvia fue, ¿hay algún problema?, su respuesta fue que tenía que revisar algunos datos antes de hablar conmigo y me preguntó si alguien me había dado "algún paquete" o algo parecido para trasladarlo de México a UK. Yo lo negué ya con cara de temor, pensando en mi equipaje sin candado durante todo el trayecto, en todo el tiempo que había estado solo en la banda, y recordando escenas de la película "María llena eres de gracia". Acepté y me fui con su compañera, una mujer de color, como de mi edad, prepotente y amargada, a revisar cada una de mis pertenencias dentro y fuera de mi maleta, que ya estaba abandonada por ahí en un rincón. La tipa sacó mis cosas aventándolas y desbaratando todo lo que me tardé horas en doblar y acomodar perfectamente. No encontró nada que yo no hubiese empacado por mí misma, pero tomó todos mis documentos, identificaciones y también mis libretas. Me registró de pies a cabeza, sacó el dinero de mi cartera y lo contó frente a mí, hizo su anotación y me dejó el efectivo para que lo guardara en la bolsa de mi pantalón. Fue lo único que pude conservar, no me permitieron llevar conmigo el celular por tener cámara fotográfica, y aventé las cosas dentro de la maleta de nuevo, tal como lo hizo ella al sacarlas y con la misma amargura, pero al mismo tiempo tratando de conservar la calma y la paciencia.

Me dejó en unas oficinas, donde otra mujer más agradable tomó las huellas de cada uno de los dedos de mis manos y por supuesto, también me sacó una foto. Entré a un cuartito de un metro y medio cuadrado, donde el stinky oficial comenzó de nuevo con las preguntas. Estuve entrando y saliendo de ese lugar unas tres o cuatro veces. Mientras esperaba a que siguieran la investigación, tuve que esperar en un área dentro de la misma oficina, un salón grande con dos mesas de cafetería, y unas bancas largas de metal, almohadas con fundas como de magitel regadas por ahí, dándome una idea de cuánto tiempo podría yo pasar en ese sitio, una televisión detrás de un aparador y algunos periódicos del día con la noticia "Dad at 13" en primera plana.

También estaban otros cuatro jóvenes, quienes llegaron casi a la misma hora que yo y con situaciones diferentes a la mía, pero al fin detenidos sin justificación. Eran dos chicas, una de Sri Lanka y otra de Russia. Los hombres eran sudafricanos, de Gambia y Zimbabwe. A los hombres les entendía bien el inglés, por ser su lengua materna, pero a la de Sri Lanka, aunque lo hablaba con fluidez y dijo estudiar en Londres, tenía un acento muy extraño y fue difícil conversar con ella. La chica de Russia de plano sólo entendía una que otra palabra y el resto a señas. De todos supe poco, a todos nos hacían entrar y salir de la habitación cada vez que nos tocaba hablar con nuestro respectivo oficial. El ánimo comenzó bien, hablando de cómo iban las cosas según se nos informaba, pero después de un tiempo a miss Sri Lanka ya se le salían las lágrimas de angustia y los chicos ya estaban de mal humor.

Se nos proporcionaba bebida y alimentos, o sea: agua natural, jugo de naranja o chocolate caliente, y unos sandwiches que caducarían al día siguiente y que sabían a cartón con mayonesa, ninguno los quisimos comer. Hubo un hombre de color al que apodamos “mr. kaii" (por la pronunciación de miss Sri Lanka, al llamarlo kind man), porque fue la persona más amable que conocimos ese día, fue quien me permitió hacer la llamada a México para avisar que yo ya estaba en Londres, quien nos llevaba galletas y dulces que nadie tenía ganas de comer, y el único que entraba a conversar un rato con nosotros, tratando de mencionar algo bueno de cada país o diciendo algunas palabras en nuestro idioma. Fue quien le consiguió traductor a miss Russia y le llevó consuelo a miss Sri Lanka con un libro de oración en sinhalese.

Después de unas horas más, el oficial apestoso fue a comunicarme que después de haber hecho algunas llamadas (de mi libreta obtuvo los datos de Cristina, a quien le pedí conservar su número por si se me ofrecía algo importante, y el de una mexicana, amiga de la familia, que vive en un pueblo cercano a Londres, y a quien vería probablemente el fin de semana) mi versión no concidía, alguien en casa de Cristina, supongo que la chica que le cuida a los niños, dijo que yo llegaría a hospedarme a ese lugar y según el oficial, que yo tenía intención de quedarme a trabajar en UK, cosa que definitivamente no era mi plan, sino ir como turista únicamente. De otra manera me hubiera preparado con otro tipo de documentos para no tener problema con inmigración. Total, que este malentendido me acabó de arruinar y a pesar de hablar con la otra persona, quien le confirmó que yo permanecería en Londres por dos semanas, y de contar con mis estados de cuenta bancarios, carta del periódico, mi boleto de regreso, etc., el tipo me dijo que yo reunía todo el perfil para quedarme allá de forma permanente, y debido a esto no me permitiría el ingreso a su país.  Él ya tenía todo arreglado para regresarme en el próximo vuelo, que sería a las 9 de la mañana del día siguiente, y me informó que irían por mí para llevarme a un lugar donde pasaría la noche, donde hospedaban a personas en la misma situación.

Para entonces yo ya estaba harta de ese país, y ansiaba regresar a México lo más pronto posible.  No quería saber nada de turismo en Londres ni me interesaba hacer realidad cualquiera de los paseos que estuve repasando mentalmente durante semanas, ni de tomar fotos ni de enviar postales. Y desde que pisé el aeropuerto de Gatwick, hasta el momento en el que llegaron a recogerme, habían pasado ocho largas horas.